miércoles, 6 de julio de 2011

LOS HABITANTES DEL ABISMO SUBLIMINAL

No eran pocos los que husmeaban, sus cuerpos torpes y andrajosos cubrían la superficie de la calle casi por completo. Andaban sin ningún cuidado, los adoquines al descubierto hacían que algunos tropezasen como si ni siquiera estuviesen mirando el suelo, pero todos ellos revisaban meticulosamente cada rincón, cada hueco en las paredes, cada montículo de tierra.
Una mujer ataviada con una pollera lila encontró un pañuelo limpio, algunos se acercaron y la rodearon para mirar, pero nadie dijo nada. Un joven movía en el aire un pincel que llevaba tiempo estando seco, con pintura verde impregnada, el color le había atraído, lo olfateó y lo arrojó con desdén. Ellos dos eran los individuos más sobresalientes del grueso grupo que deambulaba taciturno por esa callejuela olvidada. Los demás, miraban casi siempre hacia abajo y de tanto en tanto, escupían de costado. El mundo más allá de los extensos piletones de tierra que servían de límite a aquella calle, era algo que ellos desconocían, así como ciertos placeres inherentes al aseo personal.
Uno de ellos, un hombre con sombrero y las piernas muy sucias, como si se hubiese internado en un profundo cenagal, hacía una forma extraña con sus brazos y manos. A él nadie le prestaba la más mínima atención, aunque parecía estar muy concentrado en lo que hacía. En cambio, la mujer con pollera lila y de aspecto menos andrajosa que la mayoría, era seguida con asiduidad por otros habitantes del abismo subliminal en el que todos ellos habían sido depositados. Ellos tenían algunas cosas en común, nadie recordaba o parecía recordar cómo había llegado allí, nadie hablaba o sentía la necesidad de hacerlo. Pero ella tenía la capacidad de encontrar comida y eso la hacía especial entre todos los demás. Por eso siempre la seguían y la vigilaban. Nadie recordaba cómo habían sido depositados allí, o nadie parecía hacerlo, porque también había un hombre viejo, al que pocos prestaban atención, que miraba siempre al horizonte, ese que todos ignoraban y se preguntaba en voz alta por qué, dónde, cuándo.

1 comentario:

Master Blender dijo...

Esta especie de tribu me hace acordar un poco a Moonwatcher, un mono muy astuto, y a los suyos.

Algunas cosas van a estar bien, siempre y cuando haya aunque sea uno que se pregunte: por qué, dónde y cuándo.