Cuida cada palabra, como si fuese de oro.
No malgastes tu discurso solo por querer cortar las alas del silencio.
Cuídate de decir aquello que no sientes, pues nadie te lo ha pedido y a nadie importa si mientes, tanto como a ti te importará el día en que estés atado con palabras espinosas, que se fijan a tu cuerpo y a tu mente.
Cuida cada palabra como si fuera un tesoro, porque parece que nunca se acabarán. Pero algún día ocurrirá y nunca sabrás entonces, que has pronunciado tu última palabra.
Y no querrás que haya sido algo, que no has sentido firmemente o no vale la pena guardar.
Todos los días muere el poeta, por eso aprende a hablar y a callar.
¿Alguna vez has sentido que el universo se transforma a tu alrededor? ¿Nunca te dijiste "Muy bueno todo... pero donde estoy"? ¿Donde te pensás que estaban los guionistas de la dimensión desconocida? Elaboraciones de una mente que bien pudo haberse ido a dormir, pero no lo hizo.
jueves, 3 de febrero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
Quiebre de rutina
Eudilio usaba siempre tiradores, pero esa mañana se apareció con un cinturón. Colgando de él: un par de cartucheras con un revolver cada una. Además traía puesto un sombrero de cuero, una camisa con flecos y esos “cubre-pantalones” que usan los que andan a caballo. Mantuvo la mirada hacia abajo, repasó a todos los presentes con un movimiento de cabeza. El humo salía por debajo del ala de su sombrero pero no se veía su cigarrillo. Cuando se detuvo permaneció quieto como una estatua. Los que estaban frente a él tenían diferentes expresiones. Algunos permanecían sin parpadear, algunos estaban asustados y otros aguantándose la risa. Todos estaban en silencio y así permanecieron hasta que el propio Eudilio rompió el hechizo de hipnotismo.
-Vamos…- Dijo sin moverse. –Sal de donde te escondes, Tucho.-
La frase gatilló las emociones de todos, los que se aguantaban la risa explotaron en un eco de carcajadas. Los que estaban asustados suspiraron y retrocedieron, todos miraron a su alrededor. Algunos murmullos comenzaron a levantarse y rápidamente se apagaron, las miradas se volvieron hacia Eudilio, que permanecía impertérrito con la mirada baja.
-No me hagas esperar, Tucho… - Se hizo una pausa y luego agregó.-Se que estás aquí.-
Los compañeros lo miraron un momento más y comenzaron a contagiarse las carcajadas, en un puñado de segundos todos se estaban riendo. Empezaron a preguntarse entre ellos si alguien conocía íntimamente a Eudilio, por lo que sabían de su comportamiento en el trabajo resultaba una persona normal, hasta el punto de resultar aburrido como compañía. Se contaban rumores sin dejar de reírse, con fuerza, sin pudor. Estaba claro que pensaban que se trataba de algún tipo de broma, pero que habían tardado en reaccionar. Todos estaban distendidos y se acercaron a su compañero para festejar el quiebre de rutina que este había provocado antes de que su jefe los retase. Pero nunca llegaron a abrazarlo. Un disparo de escopeta ensordeció a la audiencia. Eudilio cayó al suelo con un agujero en la espalda, su cuerpo hizo un ruido sordo al caer sobre la alfombra. Ante la mirada atónita de todos, un mexicano aulló en la oscuridad y disparó una pistola dos veces antes de salir corriendo del lugar.
-Vamos…- Dijo sin moverse. –Sal de donde te escondes, Tucho.-
La frase gatilló las emociones de todos, los que se aguantaban la risa explotaron en un eco de carcajadas. Los que estaban asustados suspiraron y retrocedieron, todos miraron a su alrededor. Algunos murmullos comenzaron a levantarse y rápidamente se apagaron, las miradas se volvieron hacia Eudilio, que permanecía impertérrito con la mirada baja.
-No me hagas esperar, Tucho… - Se hizo una pausa y luego agregó.-Se que estás aquí.-
Los compañeros lo miraron un momento más y comenzaron a contagiarse las carcajadas, en un puñado de segundos todos se estaban riendo. Empezaron a preguntarse entre ellos si alguien conocía íntimamente a Eudilio, por lo que sabían de su comportamiento en el trabajo resultaba una persona normal, hasta el punto de resultar aburrido como compañía. Se contaban rumores sin dejar de reírse, con fuerza, sin pudor. Estaba claro que pensaban que se trataba de algún tipo de broma, pero que habían tardado en reaccionar. Todos estaban distendidos y se acercaron a su compañero para festejar el quiebre de rutina que este había provocado antes de que su jefe los retase. Pero nunca llegaron a abrazarlo. Un disparo de escopeta ensordeció a la audiencia. Eudilio cayó al suelo con un agujero en la espalda, su cuerpo hizo un ruido sordo al caer sobre la alfombra. Ante la mirada atónita de todos, un mexicano aulló en la oscuridad y disparó una pistola dos veces antes de salir corriendo del lugar.
lunes, 17 de enero de 2011
HISTORIAS DE PUERTO II
Todos los sabores del mañana.
Con los ojos llenos de preguntas y los oídos de arena, el marinero se quedó mirando como la mujer guardaba la última pollera en un gran bolso. Hacía varios días que su embarcación estaba atracada en el puerto de Quilon y la mujer siempre había estado en la orilla, en uno de los mercados móviles que inundaban la zona. Ella terminó de acomodar su mercadería y colocó sus manos en la cintura, suspiró y luego levantó la vista. El marinero, que llevaba un sombrero deshilachado, estaba recostado en una pendiente sobre su codo derecho; pero nunca dejó de mirarla. Sus ojos se encontraron y compartieron la brisa del oeste, era un día muy caluroso. La mujer se agachó a levantar sus bolsos, tomó el recaudo de revisar si se olvidaba algo y luego se los echó al hombro. Cuando levantó la mirada el hombre ya no estaba, ella cerró sus puños con fuerza sobre las manijas de hilo y dio media vuelta. Al hacerlo escuchó que alguien le llamaba, no entendió lo que le decían, pero se detuvo. El marinero la alcanzó con un paso ligero y esbozó una serie de palabras en un idioma que ella desconocía. El vio en sus ojos la confusión y vio mucho más. Entonces le tendió una cadenilla plateada, ante la duda de la mujer, él tomó uno de los bolsos que ella llevaba y le colocó la cadenilla dentro de la mano. Ese sencillo objeto representaba casi todo el capital del que él disponía, pero ella no lo sabía. La mujer respondió algo que el marinero jamás comprendió y se volvió hacia otro bolso, tomó de este un sombrero de marino y se lo entregó. Ambos balbucearon agradecimientos en lenguas que les eran extranjeras para ver si el otro las comprendía, pero tampoco así entendieron lo que se dijeron. El marinero le devolvió el bolso, la mujer sonrió y se fue pensando si alguna vez volvería a ver a ese marinero. Él la miro alejarse y volvió esperando que su barco no tuviese que zarpar esa noche.
Con los ojos llenos de preguntas y los oídos de arena, el marinero se quedó mirando como la mujer guardaba la última pollera en un gran bolso. Hacía varios días que su embarcación estaba atracada en el puerto de Quilon y la mujer siempre había estado en la orilla, en uno de los mercados móviles que inundaban la zona. Ella terminó de acomodar su mercadería y colocó sus manos en la cintura, suspiró y luego levantó la vista. El marinero, que llevaba un sombrero deshilachado, estaba recostado en una pendiente sobre su codo derecho; pero nunca dejó de mirarla. Sus ojos se encontraron y compartieron la brisa del oeste, era un día muy caluroso. La mujer se agachó a levantar sus bolsos, tomó el recaudo de revisar si se olvidaba algo y luego se los echó al hombro. Cuando levantó la mirada el hombre ya no estaba, ella cerró sus puños con fuerza sobre las manijas de hilo y dio media vuelta. Al hacerlo escuchó que alguien le llamaba, no entendió lo que le decían, pero se detuvo. El marinero la alcanzó con un paso ligero y esbozó una serie de palabras en un idioma que ella desconocía. El vio en sus ojos la confusión y vio mucho más. Entonces le tendió una cadenilla plateada, ante la duda de la mujer, él tomó uno de los bolsos que ella llevaba y le colocó la cadenilla dentro de la mano. Ese sencillo objeto representaba casi todo el capital del que él disponía, pero ella no lo sabía. La mujer respondió algo que el marinero jamás comprendió y se volvió hacia otro bolso, tomó de este un sombrero de marino y se lo entregó. Ambos balbucearon agradecimientos en lenguas que les eran extranjeras para ver si el otro las comprendía, pero tampoco así entendieron lo que se dijeron. El marinero le devolvió el bolso, la mujer sonrió y se fue pensando si alguna vez volvería a ver a ese marinero. Él la miro alejarse y volvió esperando que su barco no tuviese que zarpar esa noche.
sábado, 8 de enero de 2011
Levitación
La base está en la búsqueda de la claridad. Justo cuando el cuerpo y la mente vibran en la misma frecuencia, en el mismo lugar, en el mismo momento y ambos juntos no son nada. El desmantelamiento de todas las capas que componen el ego, la ilusión de personalidad, las mentiras de las diferencias… Todas esas cosas nos atan al suelo, al yugo de la gravedad. En la mínima expresión del ser, encontramos plenitud y libertad. El disfrutar del simple hecho de ser nos eleva. Para ser, no hacen falta muchas cosas y seguramente son menos de las que creemos. Cuando el ser vive en plenitud y solo se ocupa en eso, consigue dejar atrás todo lo que le impide ser libre, todo lo que le impide decidir y disfrutar. Cuando todo queda lejos el ser en estado de plenitud se eleva, se despega de suelo y se suspende en el aire.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Los Recuerdos
Los recuerdos acuden como una cascada caen sobre el arrollo. Se agolpan y se esparcen, durante un breve período son turbios y están entremezclados, como cubiertos por una capa translúcida que los difumina pero sin obstruirlos del todo. De a poco se van alejando el uno del otro, se van enfocando y cada uno adquiere la individualidad necesaria para dejarse flotar entre momentos y sensaciones.
El arroyo se cierne en calma, avanza suavemente empujado por las historias que se van entretejiendo, deslizandose unas sobre otras con una paz que, sin prometerlo, augura quedarse para siempre; acuñando cada relato haciéndolo resplandecer como si estuviera ocurriendo ahora mismo.
Y así sería, si no fuese porque más adelante, se encuentra despedazando el silencio a rudas voces estruendosas, una nueva cascada; que junta lo viejo con lo naciente y mezcla otra vez las sensaciones, dejando navegar a la experiencia a través de peñascos de amarguras y brisas frescas de ilusión.
El arroyo se cierne en calma, avanza suavemente empujado por las historias que se van entretejiendo, deslizandose unas sobre otras con una paz que, sin prometerlo, augura quedarse para siempre; acuñando cada relato haciéndolo resplandecer como si estuviera ocurriendo ahora mismo.
Y así sería, si no fuese porque más adelante, se encuentra despedazando el silencio a rudas voces estruendosas, una nueva cascada; que junta lo viejo con lo naciente y mezcla otra vez las sensaciones, dejando navegar a la experiencia a través de peñascos de amarguras y brisas frescas de ilusión.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
"The Blind Man"
There is a blind man that even though he lost his sight has kept looking at the stars. Every sunset he sits in the square and waits for the first star to appear in the dark sky, then, he waits a little bit longer until the rest of the stars take their places in the firmament.
- I cannot see them, you know - he says while a smile starts to draw across his face. - But I can feel they are out there; and in their reflection I can feel the rest of the world... -
As he stops speaking, sadness takes control of his expression, his lower lip trembles and a couple of tears roll down his cheek.
The blind man feels the stars and in their reflections he feels everything that he has lost, things so deep, so important, they make the loss of his eyes seem secondary.
He knows that staying close to the things he loves will make him hold on until he can get them back once again.
- Feelings make us believe. - he says.
- But sometimes even they can deceive us. We need both feelings and the will to believe in their truth ... or not. -
(The Yellow Book)
- I cannot see them, you know - he says while a smile starts to draw across his face. - But I can feel they are out there; and in their reflection I can feel the rest of the world... -
As he stops speaking, sadness takes control of his expression, his lower lip trembles and a couple of tears roll down his cheek.
The blind man feels the stars and in their reflections he feels everything that he has lost, things so deep, so important, they make the loss of his eyes seem secondary.
He knows that staying close to the things he loves will make him hold on until he can get them back once again.
- Feelings make us believe. - he says.
- But sometimes even they can deceive us. We need both feelings and the will to believe in their truth ... or not. -
(The Yellow Book)
lunes, 27 de diciembre de 2010
El Mundo Mágico de las Serpientes
En el mundo mágico de las serpientes hay trompetistas, escritores y personas que miran a las estrellas. Y también serpientes. Las personas que miran a las estrellas, a su vez, se dividen entre científicos y poetas.
Los científicos tratan de explicarse y explicarles a todos, como se mueven y por qué están ahí esas estrellas, que significan sus colores y cuáles no estarán en el cielo mañana.
Los poetas no están de acuerdo con los científicos y dan sus propias interpretaciones, que la mayoría de las veces consiguen hacer que los científicos se arranquen sus propios cabellos con las manos. Razón por la cual hay tantos científicos pelados y siempre están despeinados.
Los poetas usan a las estrellas para crear hermosas historias y así enamorar a las mujeres bonitas y a las que no son bonitas también. (Es sabido que para los poetas no existe mujer que no sea bonita).
Pero a veces, de tanto mirarlos, los poetas se enamoran de las estrellas y no pueden dejar de mirarlas ni de recitarles poemas. Por supuesto, a los científicos esto les parece una tontería y una ridiculez.
En lo único en que se ponen de acuerdo los poetas y los científicos es cuando escuchan la música de los trompetistas.
Cuando se sientan a escuchar los tonos que fluyen en el viento, es como si hablasen el mismo idioma, y comentan los pasajes de los trompetistas, aplaudiéndolos cuando ejecutan una pieza que les agrade y retirándose a sus asuntos cuando las melodías no los satisfacen.
Los trompetistas componen canciones para entretener a poetas y científicos, pero más que nada, para enamorar a las mujeres. Alguna que otra vez los trompetistas tocan melodías tan hermosas que la luna se enamora de un trompetista y los poetas se enojan y los persiguen. Si el trompetista es hábil puede seguir tocando mientras escapa, si no, tiene que elegir entre dejar de tocar y correr, o seguir tocando y sufrir la cólera de los poetas.
Todos ellos, científicos, poetas y trompetistas necesitan de los escritores para poder anotar sus descubrimientos, poesías y composiciones. De otra manera nadie recodaría los versos, los movimientos ni los nombres de las estrellas.
Por eso los escritores van siempre corriendo detrás de los más hábiles poetas, científicos y trompetistas. Los poetas y los científicos creen que todos los trompetistas son buenos, pero los escritores y los trompetistas saben que eso no es cierto.
Los escritores necesitan llevar un gran bolso que cuelga de sus hombros para cargar todos los lápices, papeles y lapiceras que necesitan. Porque no se puede escribir con la misma lapicera las melodías de los trompetistas, los descubrimientos de los científicos y los poemas de los poetas. Ni tampoco llevan las mismas tintas un poema de alegría que uno de nostalgia. Ni el bosquejo de una constelación, con el nombre de un cometa.
Como tampoco pueden ser del mismo color una canción que habla del miedo que otra que habla de belleza. Por eso los escritores llevan muchos lápices y lapiceras y muchas hojas de papel.
Todas les son útiles, pues las necesitan y les hacen bien.
(The Yellow Book)
Los científicos tratan de explicarse y explicarles a todos, como se mueven y por qué están ahí esas estrellas, que significan sus colores y cuáles no estarán en el cielo mañana.
Los poetas no están de acuerdo con los científicos y dan sus propias interpretaciones, que la mayoría de las veces consiguen hacer que los científicos se arranquen sus propios cabellos con las manos. Razón por la cual hay tantos científicos pelados y siempre están despeinados.
Los poetas usan a las estrellas para crear hermosas historias y así enamorar a las mujeres bonitas y a las que no son bonitas también. (Es sabido que para los poetas no existe mujer que no sea bonita).
Pero a veces, de tanto mirarlos, los poetas se enamoran de las estrellas y no pueden dejar de mirarlas ni de recitarles poemas. Por supuesto, a los científicos esto les parece una tontería y una ridiculez.
En lo único en que se ponen de acuerdo los poetas y los científicos es cuando escuchan la música de los trompetistas.
Cuando se sientan a escuchar los tonos que fluyen en el viento, es como si hablasen el mismo idioma, y comentan los pasajes de los trompetistas, aplaudiéndolos cuando ejecutan una pieza que les agrade y retirándose a sus asuntos cuando las melodías no los satisfacen.
Los trompetistas componen canciones para entretener a poetas y científicos, pero más que nada, para enamorar a las mujeres. Alguna que otra vez los trompetistas tocan melodías tan hermosas que la luna se enamora de un trompetista y los poetas se enojan y los persiguen. Si el trompetista es hábil puede seguir tocando mientras escapa, si no, tiene que elegir entre dejar de tocar y correr, o seguir tocando y sufrir la cólera de los poetas.
Todos ellos, científicos, poetas y trompetistas necesitan de los escritores para poder anotar sus descubrimientos, poesías y composiciones. De otra manera nadie recodaría los versos, los movimientos ni los nombres de las estrellas.
Por eso los escritores van siempre corriendo detrás de los más hábiles poetas, científicos y trompetistas. Los poetas y los científicos creen que todos los trompetistas son buenos, pero los escritores y los trompetistas saben que eso no es cierto.
Los escritores necesitan llevar un gran bolso que cuelga de sus hombros para cargar todos los lápices, papeles y lapiceras que necesitan. Porque no se puede escribir con la misma lapicera las melodías de los trompetistas, los descubrimientos de los científicos y los poemas de los poetas. Ni tampoco llevan las mismas tintas un poema de alegría que uno de nostalgia. Ni el bosquejo de una constelación, con el nombre de un cometa.
Como tampoco pueden ser del mismo color una canción que habla del miedo que otra que habla de belleza. Por eso los escritores llevan muchos lápices y lapiceras y muchas hojas de papel.
Todas les son útiles, pues las necesitan y les hacen bien.
(The Yellow Book)
viernes, 24 de diciembre de 2010
Poema 32
Espejo de mis ojos,
canta conmigo una canción
llena este momento de emociones
para que viva en los recuerdos de la piel
y siempre te lleve conmigo.
Llévate de hoy lo que quieras,
nada de mi puedo negarte,
nada hay en mi que te olvide
o no quiera acompañarte.
Vive en mis ojos, si es tu deseo
pero vuela alto besando el cielo
que el sol te hace más brillante
y es tu calor mi sosiego.
Encuéntrame un día al menos,
entre la espuma y el suelo
que en mi viven mil recuerdos,
cambio todos por uno nuevo.
Acércate a la orilla misma,
Canta por mi una canción,
en mis ojos falta un velo
no es mi hogar mi corazón.
canta conmigo una canción
llena este momento de emociones
para que viva en los recuerdos de la piel
y siempre te lleve conmigo.
Llévate de hoy lo que quieras,
nada de mi puedo negarte,
nada hay en mi que te olvide
o no quiera acompañarte.
Vive en mis ojos, si es tu deseo
pero vuela alto besando el cielo
que el sol te hace más brillante
y es tu calor mi sosiego.
Encuéntrame un día al menos,
entre la espuma y el suelo
que en mi viven mil recuerdos,
cambio todos por uno nuevo.
Acércate a la orilla misma,
Canta por mi una canción,
en mis ojos falta un velo
no es mi hogar mi corazón.
jueves, 23 de diciembre de 2010
El círculo relativista del oso
Dentro de la naturaleza el oso es uno de los animales, si se quiere, más relativistas de los que tenga conocimiento el ser humano. El oso es, por ejemplo, relativamente fuerte; adorable si quiere bajar un panal de abejas o terrorífico si está defendiendo su territorio. Lo cierto es que el oso puede ser marrón, gris o negro, también los hay blancos y cobrizos… Ahí lo ve, todo un símbolo del relativismo.
El oso entrando a un campamento con saliva chorreándole de la boca y las garras afiladas dispuestas: es una amenaza. Pero si cierra la boca, se sube a una tortuga y levanta un mono que se puso un tucán de sombrero: es un tótem. Y eso, mi amigo, si no es relativismo, entonces mejor que nos tapemos los oídos con roquefort, porque va a empezar a caer mierda de todos lados.
El oso entrando a un campamento con saliva chorreándole de la boca y las garras afiladas dispuestas: es una amenaza. Pero si cierra la boca, se sube a una tortuga y levanta un mono que se puso un tucán de sombrero: es un tótem. Y eso, mi amigo, si no es relativismo, entonces mejor que nos tapemos los oídos con roquefort, porque va a empezar a caer mierda de todos lados.
viernes, 17 de diciembre de 2010
HISTORIAS DE PUERTO
Dos estibadores descansaban bajo un farol del puerto. Uno de ellos disfrutaba un cigarro armado con tabaco nicaragüense, el otro permanecía impávido con la vista en el oscuro horizonte, más allá del río. El que fumaba el cigarro ya se había equivocado dos veces tratando de abrocharse los botones de su chaqueta, mantenía la mirada baja y trataba de hacer la menor cantidad de movimientos posibles en esta tercera maniobra. Tal vez su compañero no se percatase de sus intentos anteriores. Para tantearlo, arrojó la siguiente pregunta:
-¿Tendremos que subir pronto al barco?- Dijo sin quitarle un ojo de encima. Pero el otro siguió mirando al frente, los ojos entrecerrados atajaban el viento.
-Porque… este descanso no está nada mal, después de la cantidad de cajas que acomodamos arriba.- Retomó luego de comprobar que el otro no le respondía. Entonces agregó:
-¡Y mañana lo que nos espera! Llevan el doble hasta Bélgica.-
El otro estibador, que se encontraba aún contemplando el panorama nocturno, rompió el silencio por primera vez desde que bajasen del barco.
-El futuro es incierto. El presente es eternidad.-
El primero dio una larga pitada a su cigarro y se dio vuelta para observar el oscuro horizonte, su chaqueta seguía desabrochada. Ambos miraban hacia el mismo lugar, en silencio.
-¿Tendremos que subir pronto al barco?- Dijo sin quitarle un ojo de encima. Pero el otro siguió mirando al frente, los ojos entrecerrados atajaban el viento.
-Porque… este descanso no está nada mal, después de la cantidad de cajas que acomodamos arriba.- Retomó luego de comprobar que el otro no le respondía. Entonces agregó:
-¡Y mañana lo que nos espera! Llevan el doble hasta Bélgica.-
El otro estibador, que se encontraba aún contemplando el panorama nocturno, rompió el silencio por primera vez desde que bajasen del barco.
-El futuro es incierto. El presente es eternidad.-
El primero dio una larga pitada a su cigarro y se dio vuelta para observar el oscuro horizonte, su chaqueta seguía desabrochada. Ambos miraban hacia el mismo lugar, en silencio.
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